El jueves antes de semana santa la llamé; habíamos quedado en salir el viernes. Tenía planeada una llamada relativamente corta; las diez de la noche y ella contestó, como siempre, bueno eso es un decir, porque habíamos hablado sólo como unas 4 o 5 veces. Hablamos un poco, luego, cuando le mencioné la cita, ella me dijo: “Se me presento un problema”, ahí, ya me había empezado a dar de todo. El “problema” dijo ella, era que el viernes en la tarde viajaría con la familia de Semana Santa. Como odio que me cancelen una cita!, en verdad lo detesto!. Igual, no le demostré nada, seguí con el mismo tono de voz y hablamos un poco un poco más, y al final ella me dijo que hablábamos después de semana santa.
En ésta situación, uno piensa dos cosas. La primera probabilidad, y la más segura es que en realidad ella dijera la verdad y tuviera el viaje, en ese caso nada podía hacerse para el viernes. La otra probabilidad es que no dijera la verdad y esa fuera sólo una excusa para no verme, igual no nos conocemos y parece que ella tiene novio, o cuento o como se le quiera decir. Si esto es verdad, hubiera apreciado que hubiera tenido el valor para decirme que no cuando la invité a salir.
En semana santa sólo pensé en ella. Estaba muy impulsado para esa cita y realmente lo que menos me esperaba es que ella cancelara, eso en verdad me sorprendió mucho. Estaba de viaje?, o continuaría en Bogotá y mintió?
Si no me interesara tanto, no hubiera pensado en llamarla otra vez, así, que opté por darle el beneficio de la duda, y convencerme de que en realidad estaba de viaje, que ella no podía hacer nada, y que en realidad quería verme. Aunque siempre hay una voz interior que crea la duda, y que le dice a uno que eso no era así.
Decidí volver a hacer el último intento; la llamaría después de semana santa, pero dejaría pasar una semana más. Se que eso es raro, pero mi idea era no llamarla inmediatamente demostrándole que me gusta, y darle un tiempito para que se manifestara ella. Yo se que los primeros pasos rara vez los dan las mujeres, al menos la mayoría, y que ella no llamaría para acordar una “primera cita” aunque se muriera por hacerlo. Igual, podría pasar cualquier cosa.
Como me habría encantado que me hubiera llamado. Como me lo temía,
aunque ella tenía mi celular y mi mail, no lo hizo.
Hoy, miércoles 26 de abril la llamé. Luego de llegar del gimnasio a mi casa estaba contento, de buen ánimo, con ilusión de llamarla, hasta que mi padre salió con una joyita y tuvimos una pequeña discusión. Eso me bajo un poco el ánimo para llamarla, estaba molesto. Ya eran las nueve y cuarto y no quería llamarla tan tarde como antes; la hora límite eran las nueve y media. No podía llamarla así, pero igual tampoco podía dejar pasar ni la hora ni mucho menos el día, pues ya hace rato que no nos hablábamos.
Un vaso de cocacola con hielo, y escuchar cantando una canción alegre hicieron lo suyo; para las nueve y media ya estaba otra vez de animo.
La llamé. De nuevo, ella contestó. Al principio no me reconoció la voz (mala cosa).
-¿Ya te olvidaste? - y le dije que era yo.
-Hoy estuve en el Museo Botero y pensé en ti.- Dijo ella. (Buena cosa.
Creo.)
Así hablamos un buen rato, charlamos bien. Mientras hablábamos pensaba por la conversación, su tono de voz y cuando se reía, que la voz en mi cabeza que me decía que ella no quería verme, no tenía razón de ser. Otra vez me convencí que ella estaba interesada y que cuando le dijera que saliéramos ella nunca diría que no, y que nos veríamos muy pronto.
No fue así.
-¿Oye, cuando te dejas ver? – le dije.>
-mmm, esta semana estoy como ocupada –dijo Ana- pues tengo que sacar al primo que te conté. Dame tu teléfono y te llamo la próxima semana.
No le creo! pensaba, otra vez!!. Realmente ella me había dicho que ayer había llegado un pariente alemán y que con él era que estaba haciendo guía turística, hoy en el Museo Botero. Pero pues, en ese momento y de hecho ahora (una hora y media después-11:28pm), pensé que realmente ahí no hay nada que hacer, que simplemente ella no quiere salir conmigo, por el motivo que sea, llámese novio, que se le pasó el momento, o que realmente no le interesé tanto como yo creía; y que lo de pedirme el número fijo era un simulacro para salir de la situación.
Igual le dí mi teléfono fijo.
Me dijo de nuevo que me metiera a japonés. Le dije que la otra semana empezaba clases de Kendo e Iaido, por lo que no podía. Que ella me dijera eso me da cosas para pensar. Luego ella dijo que le avisara cuando podía ver, o que hubiera una exhibición o algo.
No entendí nada. No la entiendo. Ni que me hablara en japonés.
Luego ella acabo la llamada.
Aquí no hay nada que hacer. No puede haber misión kamikaze, ni nada que se le parezca porque sencillamente el blanco no se hace visible, o no quiere hacerlo.
Lo único es esperar a ver si esta “otra” excusa es también cierta, y, finalmente me llama la otra semana para que nos veamos.
De una parte quedo tranquilo porque hice lo que tenía que hacer. ¿Qué más? Ya no esta en mis manos.
Esperar es doloroso. Por eso, ya le voy echando tierrita; daré eso por perdido. Si algo cambia será para bien; pero si no pasa nada, no habrá dolor.
Chao Ana, creo que te confundí, no debías ser tú...
el que tiene ganas de ver a alguien hace tiempo..quien sabe..